La publicidad, en su forma más antigua, nació con el hombre. Desde sus inicios, fue empleada como un modo de anunciar acontecimientos, intenciones y persuasiones humanas, orientados hacia diversos fines. La publicidad nació, como en otros idiomas, con la lengua castellana. Como actividad persuasiva comercial, la historia reseña de qué manera y en qué grado ha estado ligada a la actividad económica del hombre, cuando utiliza para vende o comprar. La publicidad como se conoce hoy, surge y se desarrolla de manera importante después de la segunda guerra mundial.
En Tebas, ciudad egipcia que conoció épocas de gran esplendor económico y religioso en un pasado milenario, la historia relata el descubrimiento de uno de los textos publicitarios más antiguos. La frase encontrada en un papiro egipcio ha sido considerada como el primer reclamo publicitario de que se tiene memoria.
Hacia 1821, se encontró en las ruinas de Pompeya una variedad de anuncios de estilo graffiti que hablan de una rica tradición publicitaria: destacan vendedores de vino, panaderos, joyeros, tejedores, entre otros.
En Roma, el pregonero oral anuncia en voz viva al público con un caudal de matices de carácter persuasivo; que lo mismo contrata el Estado que los comerciantes y particulares.
Los oficios se identifican con sonidos musicales, como el silbato de los afiladores. En Francia, los taberneros vocean los vinos y emplean campanas y cuernos; en España, utilizan tambores y gaitas; en el México virreinal los pregoneros empleaban los tambores para acompañar los avisos.
El pregonero emplea los mas ingeniosos recursos para anunciar las mercancías por medio de la comunicación oral como signo distintivo de una época en la que el hombre busca nuevas formas para dar a conocer lo que hace y produce.
Pero la publicidad en sí nace con Juan G. Gutenberg, quien se ocupa en demostrar su invento a un grupo de mercaderes de Aquisgrán. Con la crónica mundial de Nuremberg, figuran una serie de almanaques que contienen las primeras formas de publicidad. En 1453 surge la llamada Biblia Gutenberg-Fus de 42 líneas y los famosos almanaques se convierten en los primeros periódicos impresos. La imprenta permitió la difusión más extensa de los mensajes publicitarios, y con la aparición de las nuevas ciudades se consolida como instrumento de comunicación.
El impresor Juan Pablos, procedente de Sevilla, instaló en México la primera imprenta del Continente Americano. La Escala espiritual de San Juan Clímaco fue el primer libro impreso en la nueva España. Pero hasta 1722 nació con abundantes avisos comerciales la Gaceta de México, publicada por el criollo Juan Ignacio María de Castorena Ursúa y Goyeneche, considerado el primer periodista mexicano. Juan Francisco Sahagun inicia la segunda época de esta publicación el 14 de enero de 1874 y contempla la primera sección de anuncios clasificados. “por solo dos reales siendo sucinta la noticia, cualquier persona podía participar al público alguna cosa que le interese, como venta de esclavos, casos o haciendas, alhajas, entre otros.”
La firma Catalana Vicente Bosch, fabricante de un popular licor se anís en todo el estado español, anunció su producto con el diseño de un mono humanoide que tocaba una corneta. La empresa obtuvo el premio Madrid 1877 y el premio París 1878. La etiqueta fue diseñada en el tiempo en que España vivía una polémica intelectual muy intensa sobre el evolucionismo de Darwin.
Es pertinente observar que algunas formas de publicidad se han mantenido intactas a lo largo de los siglos. A finales del siglo XX quedan aún nichos con vestigios de una rica cultura publicitaria en todos los pueblos del Continente Americano. La tradición persuasiva de la expresión de los pueblos recoge algunos testimonios de los pregoneros lugareños, aún con el paso de los siglos.
En 1611, se estableció la primera empresa de información comercial conocida como la Public Register for General commerce, una oficina destinada a compras, ventas y prestamos.
En 1704 aparece el Boston News-Letter, primer periódico norteamericano con diversos anuncios sobre extravíos y hallazgos. Hacia 1729, Benjamin Franklin publica el Pennsylvania gazzete, con 50% de sus 4 paginas destinado a una mayor variedad de anuncios publicitarios: jabones, estufas, libros y hasta los inventos de ingenioso creador del pararrayos.
Es un hecho que el gran boom de la publicidad tiene lugar hacia 1950 en EEUU, con los genios de Madison: William Bernbach, Leo Burnett, George Gribbin. Algunos autores coinciden en que la pujante economía de ese país lanzó a una clase media, cada vez más numerosa, a un consumo desenfrenado. De algún modo, se reflejaba la búsqueda del tiempo perdido; el afán de dejar en el olvido dos décadas de privaciones e incertidumbres a causa de la gran recesión y de la guerra mundial.
La publicidad busca la manera de llegar al consumidor por todos los medios en sentido estricto. Parece que nada puede detener su creciente influencia en la vida social de las localidades, e intenta ser agradable usando un lenguaje simple.
Paulatinamente, la publicidad se transforma y modifica los patrones de consumo y el estilo de vida de los consumidores. A partir de los años 70 se hace más directa en pos de la venta inmediata y, con ello, se torna más agresiva. Es el comienzo de la producción competitiva. Crea y recrea falsas historias para convencer y, para lograrlo, tiene que emplear la seducción.
Acorde a los tiempos, la publicidad sirve entonces de estímulo para provocar el deseo y recrear el entorno de un paisaje feliz que invita a la compra; de tal forma que recurre a incorporar, en su proceso de producción, a los realizadores de cine que evidentemente producen mensajes comerciales en el más puro estilo cinematográfico.
A partir de la década de los 80, se desata una feroz guerra comercial, tan dura que las agencias de publicidad luchan denodadamente por conseguir diferenciar el producto de sus clientes de otros similares que existen en los mercados.
Los comerciales cantados, o jingles, se remontan a 100 años antes del surgimiento de la radio, aproximadamente a 1920.